Corruptio optimi pessima.

En latín lo decían en solo tres palabras: Corruptio optimi pessima (la corrupción de los mejores es la peor de todas). Hoy utilizamos miles de palabras y no acabamos de discernir si lo que unos llaman corrupción es lo que otros (y no ellos) practican, o si son los presuntos corruptos los que ponen más ahínco en embrollar sus comportamientos como mejor forma de justificarlos.

En cualquier caso, corruptio optimi pessima. Porque de la corrupción solo emana degradación moral y social, y más de la corrupción política.

Estamos en una mala hora en la que se cruzan acusaciones sin cuento y, en un trance así, nada hay más noble -aparentemente- que sumarse a las impolutas fuerzas anticorrupción. Y yo me sumo incondicionalmente.

Lo malo es que se tarda demasiado poco en percibir que los intereses o mangoneos políticos parecen estar muy por encima de las ansias de verdad o de justicia. Por ello chapoteamos vociferantes en un lodazal de acusaciones y no es fácil, entre tanto ruido, reaccionar con ecuanimidad y prudencia. Porque se supone que lo que exigimos es conocer la realidad de los hechos y que se haga justicia si es menester. Es decir, no se trata de beneficiarse de la furia opinante, sino de que afloren las pruebas fehacientes y contundentes que acrediten los hechos.

Me irrita profundamente que un "país moderno" como el nuestro, que está afrontando una crisis feroz con enorme esfuerzo y entereza, comparezca ante el mundo como un patio de monipodio, llenando páginas de periódicos internacionales con declaraciones y análisis que nos perjudican gravemente a todos. Por eso me sumo a la verdadera milicia del esclarecimiento, que no es la que más grita o la que grita antes de tiempo, sino la que nos garantiza la dilucidación profunda y definitiva de los hechos, CAIGA QUIEN CAIGA y sea cual sea la opción política afectada. El sectarismo no nos hará más libres, pero la verdad, sí. Y no seré yo quien proponga pactos, camuflajes o medias tintas en el proceso, sea el que sea y concierna a quien concierna. Es la única manera de superar este vocerío de intereses descarados y recuperar la senda de la credibilidad interna y externa que el combate de la crisis ha de seguir con los mejores al frente.

Un fuerte abrazo a todos los amigos que me siguen. Gracias por todo vuestro apoyo.

Ricardo Portabales Jr. Justicia para mi madre.


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